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En Creativialab transformamos el Teatre Grec en un universo sensorial donde los deseos y la cultura se entrelazan. Inspirados en el Tanabata, una leyenda japonesa que celebra los sueños compartidos, damos vida a una experiencia inmersiva que despierta emociones, inspira y conecta.
Cada detalle invita a soñar, sentir y celebrar, mientras Toyota se consolida como símbolo de innovación y conexión auténtica, acompañando a cada visitante en sus momentos de pausa, unión y celebración. La dinamización integra a la marca en el festival más allá de la simple exposición: la convierte en creadora de un momento compartido, reforzando su posicionamiento cultural y construyendo un vínculo auténtico con la audiencia.
El Tanabata es una de las festividades más mágicas y poéticas de Japón. Según la tradición, una vez al año los deseos se escriben en pequeños papeles de colores, los tanzakus, y se cuelgan en ramas de bambú, esperando que el universo los haga realidad.
Este ritual transforma plazas y santuarios en un mar de sueños compartidos, donde cada mensaje refleja un anhelo personal y, al mismo tiempo, un espíritu colectivo.
En Creativialab, nos inspiramos en esta celebración milenaria para reinterpretarla junto a Toyota en el Festival Grec 2025, creando un puente entre oriente y occidente que invita al público a soñar, conectar y vivir la cultura de una forma única e inolvidable.
Este proyecto invita a Toyota a celebrar su herencia japonesa a través de una experiencia inmersiva y participativa que conecta con un público diverso. Cada detalle ha sido diseñado para transmitir la esencia de la marca con un lenguaje contemporáneo: materiales nobles, estructuras que evocan los bosques de bambú y un vehículo Toyota integrado de forma orgánica en el recorrido.
El resultado es una vivencia sensorial que refuerza a Toyota como una marca innovadora, cercana y emocional, capaz de crear momentos inolvidables que permanecen en la memoria de cada visitante.
Para acompañar la experiencia física, desarrollamos una serie de ilustraciones inspiradas en la caligrafía japonesa y sus trazos, creando un sistema gráfico que unifica todos los soportes bajo una misma narrativa visual. Estas ilustraciones refuerzan el vínculo con la festividad y ayudan a mantener la coherencia visual, emocional y cultural del proyecto.
Dividimos el espacio en dos universos: cielo y tierra, creando una identidad viva, visual y única que invita a descubrir. Este diálogo entre lo vertical y lo horizontal da forma a una experiencia envolvente, donde cada paso revela una nueva perspectiva.
El recorrido se convierte así en una narrativa sensorial y coherente, diseñada para guiar, emocionar y conectar con el público desde el primer instante.
Transformamos el techo en un cielo en movimiento, donde cintas de colores flotan como deseos suspendidos en el aire. Tonos rojos, azules, amarillos, blancos y morados llenan el espacio de energía, creando una atmósfera viva, poética y envolvente.
Como un mar de color que respira y se transforma, el escenario invita a mirar, sentir y dejarse llevar, despertando emociones y haciendo que cada visitante viva un instante mágico e irrepetible.
Diseñamos un espacio para soñar y participar, donde cada visitante puede dejar su deseo y formar parte de una historia colectiva. Varias estructuras a distintas alturas evocan un bosque de bambú, un lugar simbólico donde los tanzakus cuelgan como mensajes al cielo.
A su alrededor, una zona de descanso en madera cálida y tonos neutros invita a detenerse, contemplar y compartir el momento, mientras el gran cielo de color se convierte en el verdadero protagonista.
La escena se completa con biombos informativos que guían la experiencia y conectan el ritual con el espíritu de la marca, creando un espacio lleno de significado, belleza y emoción.
La acción invita a cada asistente a formar parte del ritual de los deseos, transformando la experiencia en un momento de participación y emoción compartida. Tras un registro sencillo, los visitantes escriben su deseo en un pequeño lienzo y lo cuelgan en estructuras que evocan un bosque de bambú, dando vida a un mural colectivo que crece y se llena de significado a lo largo del evento.
Este gesto convierte la cultura en una experiencia cercana y memorable para Toyota, reforzando su conexión con el público y generando valiosos insights cualitativos sobre su nivel de participación y vínculo emocional con la marca.
La exhibición del Toyota bZ4X se integra como un punto de pausa sobre una tarima brandeada y con acceso 360º
al vehículo. Un biombo de bienvenida organiza el flujo de visitantes y explica su presencia en el espacio. La
iluminación cálida y la señalética discreta mantienen la coherencia estética, logrando que el vehículo funcione
como ancla visual y como parte orgánica de la experiencia.
La experiencia transformó la presencia de Toyota en el Festival Grec en algo único, memorable y profundamente significativo.
Más de 400 personas participaron activamente en la activación, reafirmando que la cultura es un territorio auténtico de conexión emocional para la marca.
Un cierre inspirador que fortalece el posicionamiento de Toyota, acerca la marca a las personas y deja una huella duradera en la memoria del Festival Grec y de todos los que asistentes.
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