Un objeto que cuenta
quiénes somos.

Branding BTL Producción Eventos

El origen como actitud.

En Creativialab, cada proyecto empieza igual: una mesa vacía, un lápiz y una idea todavía difusa.
Mientras todo el mundo corre hacia lo digital, nosotros preferimos otra cosa: frenar, observar y dibujar.

 

Porque antes de empezar cualquier proyecto o ejecutar una estrategia, está ese primer gesto que sostiene todo lo demás: el trazo.

 

Ese movimiento simple (manual, humano, con sus imperfecciones) es la manera más directa de pensar. Desde ahí es donde empezamos a entender las cosas, a ordenarlas y a construir algo con sentido.

Esta Navidad hemos querido regresar a ese punto.
Al lápiz. Al trazo. A lo que realmente importa.

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Nuestro modo de mirar:
cuando un gesto cuenta
una historia.

Para nosotros, todo empieza con una fase de observación y escucha activa: entender qué mueve realmente a las personas y cuál es el pulso de cada marca.

Antes de definir un concepto o activar un proceso creativo, analizamos intenciones, detalles y gestos que marcan la diferencia.

Esa mirada estratégica y sensible es la base de nuestro trabajo: diseñar Brand Experiences que se viven, que conectan emocionalmente y que permanecen en la memoria.

Para nosotros, cada trazo importa. A veces un gesto mínimo ya dice todo sobre una identidad.

El punto de partida: de gestos personales al trazo que nos une.

Todo empezó preguntándonos quiénes somos.

 

Somos once personas, once formas distintas de pensar y crear, y una manera muy común de trabajar: desde lo humano. Para materializar esa forma de ser, decidimos empezar por el origen: el gesto. Le pedimos a cada persona del equipo que dibujara un trazo que la representara.

 

Al reunirlos, entendimos que esos trazos podían ir más allá del papel. Que juntos podían convertirse en un símbolo común, en una forma compartida, casi como un tótem, capaz de hablar de cómo trabajamos.

 

De ahí salió la pregunta: ¿y si juntáramos todos esos trazos en una sola pieza? ¿Algo que contuviera todas nuestras personalidades sin borrar ninguna?

Cómo lo hicimos: del papel al objeto, del gesto a la forma.

Desarrollar el tótem fue básicamente replicar nuestra forma de trabajar: con estrategia, con emoción y probando cosas nuevas.

 

Primero estudiamos cada trazo como si fuera una marca propia: su carácter, su energía, su ritmo. Luego los transformamos en formas 3D, viendo cómo podían convivir sin pisarse unas a otras.

 

El resultado: una estructura continua que se imprime de una vez, pero con «uniones» que recuerdan que está hecha de muchas partes. Un símbolo de cómo funcionamos: un conjunto formado por piezas únicas.

 

Hasta el lápiz que atraviesa el tótem tiene su razón de ser:

El lápiz no es un detalle. Es lo que completa la pieza.
La idea que cruza la forma. El gesto que permanece.
Porque sin trazo, no hay historia.

El tótem, un manifiesto que se puede tocar.

El tótem es el resultado de nuestra forma de ver las cosas convertido en algo tangible. Es una historia que puedes sostener en las manos.

 

Resume quiénes somos y cómo trabajamos: gente que piensa con las manos, que diseña pensando en personas reales y que entiende el diseño como algo cultural, responsable y profundamente humano.


Por eso este objeto es el hilo conductor de Creativialab: habla por nosotros sin necesidad de explicaciones largas. Es la prueba física de que nuestras ideas no se quedan en presentaciones: toman forma, cobran significado y viven.

El trazo que nos une.

En estas fechas, cuando todo se acelera, nosotros hemos preferido parar un momento.
Recordar que las mejores ideas no empiezan con ruido, sino con un gesto.

Este tótem es más que un objeto: es un recordatorio de que lo primero siempre cuenta.

De que lo humano sigue siendo el punto de partida de cualquier cosa creativa. Todo empieza con un trazo.

Por eso, este año ese primer gesto se transforma también en apoyo a la investigación del Alzheimer, a través de una donación a la Fundación Pasqual Maragall.

 

Gracias por estar ahí un año más.


Ojalá el que viene esté lleno de primeros trazos, de esos que abren caminos nuevos.

Branding escénico: identidad
viva en el espacio

Dividimos el espacio en dos universos: cielo y tierra, creando una identidad viva, visual y única que invita a descubrir. Este diálogo entre lo vertical y lo horizontal da forma a una experiencia envolvente, donde cada paso revela una nueva perspectiva.
El recorrido se convierte así en una narrativa sensorial y coherente, diseñada para guiar, emocionar y conectar con el público desde el primer instante.

Tierra: el recorrido que invita
a detenerse.

Diseñamos un espacio para soñar y participar, donde cada visitante puede dejar su deseo y formar parte de una historia colectiva. Varias estructuras a distintas alturas evocan un bosque de bambú, un lugar simbólico donde los tanzakus cuelgan como mensajes al cielo.
A su alrededor, una zona de descanso en madera cálida y tonos neutros invita a detenerse, contemplar y compartir el momento, mientras el gran cielo de color se convierte en el verdadero protagonista.
La escena se completa con biombos informativos que guían la experiencia y conectan el ritual con el espíritu de la marca, creando un espacio lleno de significado, belleza y emoción.

Un bosque de
deseos

La acción invita a cada asistente a formar parte del ritual de los deseos, transformando la experiencia en un momento de participación y emoción compartida. Tras un registro sencillo, los visitantes escriben su deseo en un pequeño lienzo y lo cuelgan en estructuras que evocan un bosque de bambú, dando vida a un mural colectivo que crece y se llena de significado a lo largo del evento.

Este gesto convierte la cultura en una experiencia cercana y memorable para Toyota, reforzando su conexión con el público y generando valiosos insights cualitativos sobre su nivel de participación y vínculo  emocional con la marca.

Innovación en calma: zona de exposición del vehículo.

La exhibición del Toyota bZ4X se integra como un punto de pausa sobre una tarima brandeada y con acceso 360º
al vehículo. Un biombo de bienvenida organiza el flujo de visitantes y explica su presencia en el espacio. La
iluminación cálida y la señalética discreta mantienen la coherencia estética, logrando que el vehículo funcione
como ancla visual y como parte orgánica de la experiencia.

Más de 400 deseos vibraron
en el Grec

La experiencia transformó la presencia de Toyota en el Festival Grec en algo único, memorable y profundamente significativo.
Más de 400 personas participaron activamente en la activación, reafirmando que la cultura es un territorio auténtico de conexión emocional para la marca.
Un cierre inspirador que fortalece el posicionamiento de Toyota, acerca la marca a las personas y deja una huella duradera en la memoria del Festival Grec y de todos los que asistentes.

¿Hablamos?

Si tienes algún proyecto en mente, escríbenos.

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